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Capítulo 446:
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Kane estaba a su lado. Extendió la mano y le ajustó suavemente la solapa de la chaqueta blanca.
«No necesitas un guion», le dijo Kane, clavando sus ojos oscuros en los de ella con absoluta confianza. «Tú posees la verdad. Tú los tienes en tu mano».
«Lo sé», respondió Haleigh.
El director de relaciones públicas se acercó, con aire nervioso. «Sra. Barrett, estamos en directo en todas las principales cadenas. ¿Está lista?».
Haleigh respiró hondo. Sintió que el peso fantasma de su pasado se deslizaba de sus hombros por última vez.
«Abran las cortinas», ordenó Haleigh.
Las pesadas cortinas de terciopelo se abrieron.
Una pared cegadora de flashes de cámaras estalló cuando Haleigh salió al pulido escenario. El ruido en el auditorio era ensordecedor: cientos de periodistas gritaban preguntas, tratando de obtener la primera declaración de la mujer que había dominado el ciclo de noticias mundial durante tres días seguidos.
Haleigh caminó hacia el podio acrílico situado en el centro del escenario. Se movía con una gracia lenta y depredadora. No parecía abrumada. Parecía una reina inspeccionando su corte.
Kane Barrett salió un segundo después. No se subió al podio. Se quedó a dos pasos detrás de ella y ligeramente a su derecha, un monolito de poder silencioso e imponente, demostrando físicamente que aquel era su escenario, su momento.
Haleigh apoyó las manos en los bordes del podio. Miró fijamente al mar de periodistas. No levantó la mano para hacerlos callar. Simplemente se quedó allí, irradiando un aura de autoridad absoluta y aterradora.
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En diez segundos, el peso de su silencio obligó a la sala a callarse. Los gritos se apagaron. El único sonido era el rápido clic de los obturadores de las cámaras.
Haleigh se inclinó hacia el micrófono.
—Buenas tardes —comenzó. Su voz era suave, perfectamente modulada y completamente desprovista de miedo. Resonó con claridad a través del enorme auditorio.
—Durante las últimas setenta y dos horas, el Grupo Barrett, y mi familia personalmente, hemos sido objeto de una campaña coordinada de extorsión, chantaje y graves amenazas físicas.
Hizo una pausa, dejando que las palabras flotaran en el aire.
«Los autores creían que, como me había casado con alguien rico, estaría desesperada por ocultar las feas verdades de mi pasado. Creían que la amenaza de un escándalo público me obligaría a entregar activos comerciales y a pagar millones en rescate».
La mirada de Haleigh recorrió la primera fila de periodistas. Todos estaban pendientes de cada una de sus palabras.
«Estaban totalmente equivocados», afirmó Haleigh con frialdad. «No negocio con terroristas. No pago a chantajistas. Y no huyo de mi pasado».
Un reportero de la CNN levantó la mano frenéticamente. «¡Sra. Barrett! ¿Qué hay de las acusaciones de violencia? ¿El vídeo en el que se le ve golpeando a Julian Bancroft y el incidente en la cafetería?».
Haleigh miró fijamente al reportero. No se inmutó.
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