Sinopsis
El hombre al que no pude resistirme.
ESTADO DE LA NOVELA: TERMINADA
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El hombre al que no pude resistirme- Inicio
LENNOX
La Riverside Arena me pertenecía los martes por la mañana. Ese era el acuerdo: de nueve a once, el hielo era mío, el silencio era mío, la humillación de caerme de cara era exclusivamente asunto mío. Había reservado el horario con cuatro meses de anticipación y lo había escrito en mi agenda con tinta roja, que era lo más cercano a un pacto de sangre que el sistema de reservaciones permitía.
Así que cuando escuché el inconfundible estruendo de equipo de hockey resonando por el pasillo, asumí que era mi imaginación.
No lo era.
Beckham Cole se materializó en la entrada de la pista como un sistema climático muy inconveniente: grande, ruidoso, arrastrando a seis compañeros de equipo que se movían por cada lugar como si fuera de su propiedad. Con todo el equipo puesto, se veía enorme. El tipo de enorme que ocupa espacio sin pedir disculpas. Me atrapó la mirada de inmediato, lo cual me molestó, y la sostuvo dos segundos más de lo necesario, lo cual me molestó aún más.
𝗠𝗂𝗅е𝘴 𝖽𝗲 lе𝗰𝘁𝗼𝗿𝖾𝗌 𝗲𝘯 𝗻𝗈𝘷е𝘭a𝘴4𝗳𝖺𝗻.𝗰𝗼𝘮
Yo necesitaba este hielo.
Se deslizó hacia mí con la soltura de alguien a quien jamás le han dicho que no, y me entregó una nota doblada. La letra de su entrenador: una modificación de horario que le daba a su equipo el hielo hasta las once. Típico.
Ellos no.
El entrenador Merritt, que veía el patinaje artístico con más o menos el mismo respeto que le tenía a la mímica y la danza interpretativa: algo decorativo, inofensivo, que se hacía mejor en algún lugar donde nadie tuviera que verlo. Dejaba sus opiniones bien claras con regularidad, y sus jugadores las habían absorbido como doctrina.
“Como tú digas, Beckham.” Le devolví la nota sin mirarlo a los ojos y me impulsé hacia el centro de la pista. “Solo no me arruines la superficie, acaban de pasar la Zamboni.”
El aire frío se apretó contra mi rostro. A mis espaldas, podía sentir su mirada recorriendo la línea de mis hombros, mi espalda, el camino de mis cuchillas. No era la clase obvia. Era algo más deliberado. Casi como si estuviera prestando atención de verdad.
– Continua en El hombre al que no pude resistirme capítulo 1 –